No nos habíamos dado cuenta de que estamos en crisis. Al
menos hacemos todo lo está en nuestra mano para que se note lo menos posible. Todos los
ciudadanos intentan mantener ingresos y reducir gastos. Pero los únicos que
están legitimados para hacerlo son los currantes, porque los empresarios, los
emprendedores, los que arriesgan sus ahorros para intentar crear un producto
atractivo para el ciudadano, estos no. Ellos no deben de mantener los gastos,
está moralmente prohibido tocarlos.
Y además están obligados a seguir proporcionando un empleo a
los currantes, y seguir suministrándole los mismos sueldos. Este es, en
definitiva, el problema que lastra el crecimiento, y frustra a la sociedad. Se
intenta pensar que los empresarios son todos millonarios, pero el 80% del
tejido empresarial de este país, se compone de pequeñas empresas de como mucho
cuatro currantes, incluido el dueño. Se intenta pensar entonces en ese 20% de
grandes empresas, imaginando a millonarios acomodados que aprovecharon su
situación privilegiada para dominar el mundo, pero también otro 80% nos quita
esa ilusión, porque es la proporción que existe entre los milmillonarios, pues
esos son de procedencia humilde.
Entonces apelamos a la humanidad. ¿Cómo es esto? Sí hombre,
la humanidad. Les decimos a los empresarios que no echen a un trabajador y que
tampoco le reduzca el sueldo y que la diferencia entre los ingresos y los
gastos las abone él mismo. Por los buenos tiempos. Es decir, por todo el dinero
que ha ganado a costa de sus trabajadores. Es curioso… acusamos al empresario
de ser el mismo diablo, y al mismo tiempo le exigimos que se comporte como
Maria Teresa de Calcuta, le pedimos que renuncie a sus beneficios para mantener
a sus trabajadores. Le pedimos una bondad, acusándole al mismo tiempo de
malvado. ¿En qué quedamos?
El que paga manda, en eso estamos todos de acuerdo. ¿Y
nuestra humanidad? Si hombre, la del currante. Ya, me preguntaréis que como voy
a tener los santos cojones de pedirle humanidad al peón más pequeño de la
jerarquía laboral. Pero es que yo ya no estoy mirando al currante como
empleado, sino como consumidor. Sí, sí… como consumidor. ¿Dónde está la
humanidad del currante cuando acude al chino de la esquina a comprar los
productos manufacturados en un país en el que no se respetan los derechos
laborales? Porque comprando esos productos, obligamos a los empresarios a bajar
el precio de los productos que nosotros mismos producimos. De otro modo
seguiremos yendo al chino, y la empresa cerrará. Pero bueno, para eso están los
empresarios, para dar trabajo. Y los productos… que los compren los chinos. ¿No?
Nos equivocamos si miramos a los currantes y a los
empresarios como personas distintas, porque no lo son. Somos ciudadanos, todos.
Y todos buscamos lo mejor para nosotros. Pero no nos comportamos como
ciudadanos, sino como currantes y empresarios. Hay quien dice que hay
empresarios que roban a sus trabajadores. También hay quien dice que hay
trabajadores que roban a sus empresas. ¿En qué quedamos, otra vez? En eso…
todos ciudadanos.
Y mientras, en este mismo país, hay gente que busca empleo y
otros que emprenden. Empresas como Mercadona, con un código ético basado en
mantener a los trabajadores satisfechos para que trabajen mejor. También se
preocupa de buscar a los proveedores de dentro de España, y les ayuda a crear
un producto competitivo, pagándoles más dinero que a la competencia si es
necesario. Creando puestos indefinidos, y nunca contratando a personal externo
para ocupar cargos de dirección; siempre renovación interna. Gente que busca
ofrecer un servicio al ciudadano, hacerle más feliz y recibir una recompensa a
cambio. Y si pueden vender más, contratarán a más gente para repartirse los
beneficios. No ha necesitado romper ninguna ley, no está haciendo nada que sea
ilegal. Simplemente está explotando la realidad de que, con trabajadores
satisfechos, los productos y servicios
siempre son más competitivos. Y eso hace que la competencia o asuma vender
menos, o asuma que tiene que imitarle. Así mantiene esclavizada a la sociedad, pues los obliga a comprar en sus tiendas y a sus competidores imitarle, por culpa de la dichosa ley de "la oferta y la demanda". Pero qué listo es ese emprendedor, seguramente se quedará la
mejor parte de los beneficios, cuando son muchos los que trabajan para que eso
se lleve a cabo. ¿Eso piensas? Pues lo tienes fácil ciudadano; emprende tú.
Emprende tú, y les pagas a los trabajadores más que le paga él. Seguro que se
irán corriendo a tu empresa. Mercamejor, le puedes poner de nombre. Y luego te
toca esperar sentado, para ver cómo te llueve el dinero. Y si no llueve el
dinero, la culpa es de los políticos... que son los que obligan a los ciudadanos, currantes y empresarios, a que manden.